Me quedo afónico/a constantemente, ¿debo preocuparme?

La afonía es la pérdida total de la voz y suele ser la expresión máxima de una disfonía, que es la pérdida o alteración de las cualidades (timbre, tono, intensidad…) de la voz por un trastorno orgánico o funcional de las cuerdas vocales.

Normalmente, una persona no suele quedarse afónica sino disfónica: el tono se vuelve más grave, el timbre es más rasposo o soplado, no puede hablar a una intensidad alta… Lo preocupante de esta situación es cuando se vuelve muy frecuente, ya que suele ser síntoma de que existe un problema en nuestro órgano fonatorio (laringe) debido a un mal uso vocal.

Existen profesiones que suelen tener un alto porcentaje de disfonías: maestros, teleoperadores, comerciales, peluqueros… ya que utilizan la voz constantemente en su trabajo y, muchas veces, en ambientes ruidosos que implican que la persona tenga que realizar un sobreesfuerzo vocal para hacerse oír.

 

¿Qué debo hacer?

Cuando una disfonía se vuelve algo frecuente, lo primero que hay que hacer es concertar una cita con el otorrinolaringólogo para que realice un diagnóstico funcional. Es importante que en el informe incluya imágenes de la lesión.

Después de obtener el diagnóstico, se debe acudir al logopeda para que pueda realizar una intervención adecuada dependiendo de la lesión.

¿Cómo puede ayudarme el logopeda?

Cuando ya existe una lesión en las cuerdas vocales, la rehabilitación logopédica se centra en reducirla o incluso eliminarla, con el objetivo de evitar una intervención quirúrgica.

Por otro lado, si ya se ha realizado una operación para eliminar la lesión, la logopedia puede realizar una intervención postquirúrgica centrada en enseñar técnicas para mejorar el uso vocal y que no vuelva a aparecer la lesión.

En los casos de profesiones de alto riesgo, deberían acudir a un logopeda para realizar una terapia preventiva en la que aprenderán recursos para evitar el sobreesfuerzo vocal y, de esta manera, reducir las probabilidades de que aparezca una lesión a posteriori.

 

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5 errores que cometemos cuando nos quedamos disfónicos

  1. Hablar susurrando. No ayuda, lo único que hace es forzar las cuerdas vocales e irritarlas más.
  2. Beber bebidas demasiado frías o demasiado calientes.
  3. Comer caramelos de menta. A diferencia de lo que se cree, la menta reseca las mucosas y agrava la disfonía.
  4. Carraspear y toser con fuerza. Cuando se nota un cuerpo extraño en la garganta o se siente picor, carraspeamos o tosemos con fuerza. Es un hábito a evitar ya que irrita las mucosas, es mejor beber un buen trago de agua.
  5. Hablar por encima de nuestras posibilidades. Si tenemos una disfonía, es mejor utilizar otros recursos para comunicarnos, por ejemplo una libreta, ya que no es bueno forzar nuestra maquinaria fonatoria.

Si sentís que vuestra voz ya no es lo que era o que soléis perderla con frecuencia, no dudéis en contactar con vuestro otorrinolaringólogo y un buen logopeda para que os ayuden a mejorar vuestra salud vocal.

 

La voz es nuestra seña de identidad, sin ella nos sentimos despersonalizados, así que hay que cuidarla.

Marta Pérez (Logopeda)