¿Por qué olvidamos las cosas? ¿Es normal olvidar?

Si el cerebro es el órgano encargado de almacenar los recuerdos, ¿por qué no siempre podemos encontrarlos?

A menudo acuden personas a mi consulta muy preocupadas porque olvidan cosas, a veces, importantes. Pero ¿qué es el olvido? Olvidar es un proceso involuntario que consiste en dejar de recordar o almacenar en la memoria, cualquier información procesada o aprendida. El olvido es un proceso necesario que se produce a menudo por interferencia de un aprendizaje previo. Por ejemplo, quizás muchos de vosotros vais todos los días a trabajar en coche y cada día tenéis que aparcar en un lugar distinto. ¿Qué pasaría si no olvidaseis dónde aparcasteis el coche el día anterior? Seguramente, después de un mes aparcando el coche en sitios diferentes sería muy difícil encontrarlo, ¿no? En este caso, dónde aparqué el coche ayer, se olvidaría por interferencia del lugar donde hoy lo he aparcado.

 

¿Cómo se almacenan los recuerdos?

Nuestros cerebros están llenos de una gran cantidad de recuerdos que se han ido formando a través de las experiencias vitales. Estos recuerdos varían desde una escena trivial (como la placa de matrícula de un coche en el semáforo), hasta informaciones más complejas (¿quién soy yo y cómo he llegado hasta aquí?)

Por otra parte, la información que recordamos varía considerablemente en cuanto a la precisión. Es posible recordar secuencias o momentos de nuestra vida con todo lujo de detalles, mientras que otros tendrán muy pocos.

Se puede decir, a groso modo, que desde la psicología cognitiva se han consensuado dos sistemas de memoria:

La memoria a corto plazo o « memoria de trabajo » que sirve para trabajar la información que estamos manejando en el momento. En cuanto al detalle, este tipo de memoria ofrece detalles nítidos sobre pocas cosas que estamos pensando en un preciso instante.

La memoria a largo plazo en la que se pueden retener grandes cantidades de información que se obtiene a través de pensamientos y experiencias de la vida de las personas. Este tipo de memoria proporciona una imagen mucho más difusa sobre muchas más cosas que hemos visto o experimentado.

Hay que tener en cuenta que los datos almacenados en la memoria no siempre son claros y con frecuencia se limitan sólo a la esencia de lo que vimos o lo que sucedió.

 

como se almacenan los recuerdos

 

¿De qué dependen la consolidación y el acceso a los recuerdos?

Para responder a esta pregunta hay que saber que el olvido normal (no traumático, no patológico), como el que ocurre por el paso del tiempo o por la pérdida de entrenamiento de cierta habilidad, se produce por la debilitación de algunas conexiones sinápticas implicadas –especialmente- en los circuitos del hipocampo. Sucede que la activación frecuente de un contacto o sinapsis produce un refuerzo de estas. Al contrario, la desactivación de estos contactos produce un decaimiento de la fuerza de la conexión sináptica. Es decir, que un recuerdo se reforzará a través de los circuitos cuanto más se active el circuito que lo procesa y perderá capacidad para ser evocado por una pérdida progresiva de las sinapsis involucradas en los circuitos de ese recuerdo.

Una vez entendida la relación –simplificada- entre el refuerzo de las conexiones de los circuitos neuronales, hay que saber que uno de los circuitos descritos más importantes del cerebro es el circuito de Papez. Este circuito forma parte del sistema límbico y está implicado en el control de las emociones.

 

La relación entre el recuerdo y las emociones.

Es bien conocido que las emociones forman parte del llamado “sistema límbico”, que es una de las partes más primitivas en la evolución del cerebro, y tienen mucha representación neuronal a nivel de conexiones, siendo una parte muy activa en el procesamiento de la información.

Al recibir información de un estímulo que genera activación emocional, el nivel de activación de esa información es mayor que si no va acompañado de activación emocional. Esto hace que, la probabilidad de que se refuerce ese estímulo sea mayor. Mientras que, un estímulo neutro, sin activación a nivel emocional, tendrá menos probabilidades de activarse, por lo que no será tan fácil evocarlo.

Por otro lado, aunque el cerebro es capaz de almacenar una gran cantidad de detalles de eventos, objetos y otro tipo de informaciones, no siempre esa información está disponible inmediatamente, hay veces que tenemos que emplear algunas estrategias específicas para acceder a esa información. Algunos ejemplos son: recrear la escena con todos los detalles, relacionar información, visualizar, reestructurar u ordenar la información, hay muchas formas y cada persona utiliza las propias.

 

Otras variables que influyen en el recuerdo (o acceso a la información):

Aún así, hay que tener en cuenta que nuestro ritmo de vida, la dieta, el descanso y el estado físico influyen en nuestro funcionamiento cerebral. Si estás intentando recordar algo y no puedes, no es que los recuerdos desaparezcan, sino que los circuitos que acceden a esa información están “desactivados” o incluso “colapsados” por otros circuitos. La información no desaparece, pero en ese momento puede no estar disponible. Seguramente en ese momento, tus circuitos neuronales necesiten un respiro, cambia de actividad o sal a dar un paseo y verás cómo esa información vuelve por sí sola ¡cuando menos te lo esperes!

Próximamente escribiremos sobre métodos para recordar y entrenar la memoria.

 

Os dejo una frase de Schopenhauer que habla sobre nuestro tema de hoy: «De vez en cuando se aprende algo, pero se olvida el día entero.»

 

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Amalia Muñoz (Neuropsicóloga)